La población afrocolombiana corresponde a las comunidades descendientes de las personas africanas esclavizadas por los españoles y las comunidades cimarronas que conquistaron su libertad, entre 1510 y 1852. Son africanas por su ancestro genético, étnico, cultural y espiritual, asumiendo la africanidad como un valor personal y de la sociedad colombiana.
La población afrocolombiana surgió con la expedición en 1851 de la “Ley de libertad de los esclavos”, que abolió legalmente la esclavitud y la esclavización de personas en Colombia. Los exesclavos, los cimarrones y sus descendientes quedaron en el país como ocupantes de hecho, mas no en derecho y con derechos; quedaron ocupando el territorio pero “ilegales”, por haber sido excluidos del ordenamiento jurídico republicano y del Estado de Derecho, e ignorados en las leyes como sujetos jurídicos con derechos étnicos y ciudadanos especiales.
Siendo pobladores de hecho del territorio patrio quedaron en un limbo jurídico, sin ciudadanía, durante 70 años y, poco a poco, según los intereses políticos dominantes se fueron integrando al proyecto de Nación, en un proceso espontáneo que duro desde 1852 hasta 1991, cuando pro primera vez en la historia jurídica de la República de Colombia, la Constitución Política les menciona y reconoce como sujetos jurídicos con derecho de diferenciación positiva, con la denominación de “comunidades negras”.
| PRIMERO | SEGUNDO | TERCERO | CUARTO |
| Antes de 1510 | De 1510 a 1851 | De 1851 a 1991 | De 1991 en adelante |
| De la Africanidad | De la esclavización y el cimarronismo | De la integración nacional y la Afrocolombianidad |
Del renacimiento afrocolombiano |
La esclavización fue una institución del Imperio Español que utilizó el trabajo forzado de los indígenas, en primer lugar, y de las personas africanas, en segundo, para saquear las riquezas de América. El Estado español es responsable histórico de la esclavización, definida esta última como un crimen de lesa humanidad.
Durante más de 400 años, las personas africanas fueron separadas en forma violenta de sus hogares en África, secuestradas, animalizadas, comercializadas y explotadas económica y sexualmente. Los reyes españoles contrataron la adquisición en África y el posterior transporte hacia América de los africanos(as) con compañías inglesas, francesas, holandesas, genovesas y portuguesas que acumulaban enormes fortunas vendiendo personas esclavizadas en las Américas, comerciando oro y materias primas en Europa y llevando armas, bebidas alcohólicas y mercancías hasta África. Para asegurar las cargas de los barcos, los europeos(as) crearon las compañías de seguros. Los negocios y los capitales que generaron el comercio de las personas africanas y su sobreexplotación desarrollaron el sistema capitalista en Europa y el mercado mundial (Véase Mosquera, 2004).
Para garantizar el flujo permanente de personas cautivas en las diversas regiones africanas, los europeos(as) proporcionaron armas de fuego y entrenamiento militar a unos pueblos, convirtiéndolos en socios y proveedores de su empresa esclavizadora. Miles de naciones y culturas que habitaban al sur del Desierto del Sahara fueron víctimas de los europeos y sus socios africanos que sembraban de terror y sangre los caminos y los ríos incendiando y atacando a las comunidades para robarse a los jóvenes y a los adultos fuertes. A Colombia llegaron secuestrados hombres y mujeres de centenares de naciones, que habitaban en los países de la costa atlántica africana: Senegal, Angola, Benín, Ghana, Congo, Guinea, Costa de Marfil, Camerún, Nigeria y otros.
Las personas africanas eran tratadas como animales peligrosos: las esposaban con hierros, las azotaban con látigos, controlaban sus quejidos y llantos y no tenían consideración con las mujeres. Las transportaban amontonadas como «piezas» en las frías y nauseabundas bodegas de grandes barcos, cuyo viaje por el Océano Atlántico demoraba, en promedio, de dos a tres meses. Cuando estos desembarcaban en los puertos oficiales o de contrabando la mitad de las personas embarcadas habían muerto, víctimas del asesinato provocado por sus verdugos, la locura, el cáncer de piel, la aparición de gangrenas, la inanición, los infartos, la depresión profunda, las epidemias y el suicidio. Las mujeres eran víctimas de toda clase de abusos y violencias por sus secuestradores, en especial aquellos de tipo sexual, razón por la que muchas de ellas llegaban embarazadas a América. A la violencia y la muerte en los barcos deben sumarse también las personas asesinadas durante las luchas de resistencia, cuando sus poblados eran asaltados.
1.3. La Carimba, símbolo de la propiedad privada española
Según la compañía transportadora y los diversos dueños o «amos» que los compraban durante su corta vida laboral, se aplicaba una marca llamada Carimba a las personas africanas en la espalda o en un pómulo, como se hace hoy con el ganado: esta simbolizaba que la persona africana marcada era propiedad privada de su dueño. Las marcas eran diversas: la impuesta por la compañía transportadora, el sello real de la aduana y las iniciales del apellido del dueño o de la hacienda.
1.4. Los trabajos forzados que ejecutaron las africanas esclavizadas
Durante el periodo de vigencia legal de la Institución de la Esclavitud, cuya duración superó cuatro siglos, tanto en la Colonia como en las primeras repúblicas todas las actividades productivas, los oficios y el conjunto de la economía dependieron del trabajo, el sudor y la sangre de las personas africanas e indígenas esclavizadas.
Los principales trabajos forzados que realizaron las mujeres africanas esclavizadas fueron los siguientes:
1. Extracción del oro presente en el cauce de los ríos y organización de las minas de oro de aluvión, plata o de otros minerales en las selvas.
2. Construcción de las haciendas agrícolas y ganaderas de los españoles. Lo anterior incluía derribo de bosques, siembra de pastos, cuidado de hatos ganaderos y cosecha de las plantaciones de algodón, cacao, tabaco, caña de azúcar y café.
3. Servicio doméstico en casas, conventos, hospitales, universidades y colegios mediante la realización de oficios varios como cocineras, lavanderas, aguateras y parteras, entre otros.
4. Explotación de las mujeres como mercancía sexual, alquilándolas de forma temporal para prestar servicios sexuales. También fueron utilizadas como vendedoras ambulantes de frutas, dulces y comidas caseras especiales.
1.5. La condición de mujer esclavizada
En la sociedad colonial esclavista, la mujer africana esclavizada no era reconocida como persona sino como un animal salvaje llamado «negra». Era una propiedad o bien mueble cuyo lugar era el inventario de las propiedades junto a los vacunos, el oro, las haciendas y las minas. Su dueño, el español, tenía el dominio sobre sus capacidades sexuales y reproductivas: se relacionaba con ella a través de la violación, utilizándola como reproductora de la mano de obra esclava —«madre de leche»— y como mercancía sexual.
En la legislación española vigente en la Colonia se establecía la transmisión de la esclavitud de madre a hijo, es decir, el hijo heredaba la condición de esclavo. Como se dijo, las esclavas eran consideradas reproductoras de mano de obra porque el vientre que daba sus hijos era la parte más productiva de la propiedad esclava (Leiva, 1987). «…habiendo amas de conciencia tan depravada que si la negra no pare todos los años, la venden por inútil…» (Konetzke, 1962, p. 261).
1.6. Consecuencias de la esclavización hasta hoy
Las consecuencias de la esclavización siguen vivas; afectan la sociedad colombiana, y de manera directa a la población afrodescendiente y a los pueblos indígenas. Se explicitan a continuación:
ü La carencia de propiedad.
ü El atraso educativo.
ü El racismo.
ü La exclusión racial, laboral, educativa, política y mediática.
ü La triple discriminación de la mujer afro.
ü La hegemonía racial.
ü El endoracismo y la baja autoestima.
ü La pobreza.
ü La violencia.
ü La marginalidad.
ü El clientelismo político.